¿Por qué algunas personas aprenden más rápido?

El físico Niels Bohr alguna vez definió a un experto como “alguien que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un campo restringido”. Esta observación resume una de las lecciones esenciales del aprendizaje: las personas aprenden cómo hacer bien las cosas luego de equivocarse una y otra vez. El aprendizaje es un extracto de sabiduría obtenido del fracaso.

Un nuevo estudio por publicarse en Psychological Science, y dirigido por Jason Moser de la Universidad de Michigan explora este concepto. La pregunta de la que se deriva el estudio es simple: ¿por qué algunas personas aprenden de sus errores mejor que otras? Todos cometemos equivocaciones, pero lo importante sucede después: ¿ignoramos el error para evitar dañar nuestra autoestima o lo examinamos esperando aprender de él?

El experimento de Moser se basa en la premisa de que existen dos reacciones distintas hacia los errores, las cuales se pueden detectar mediante electroencefalografías (EEG). La primera reacción se conoce como negatividad asociada al error (ERN). Aparece alrededor de 50 milisegundos después de cometer un error y se cree que se origina en la parte anterior de la circunvoluación del cíngulo, área que ayuda a monitorear el comportamiento, anticipar recompensas y regular la atención. Al ser involuntaria, esta reacción neuronal es una respuesta inevitable a cualquier error.

La segunda señal, conocida como positividad asociada al error (Pe), está vinculada con la conciencia; ocurre entre 100 – 500 milisegundos luego de cometer el error, cuando prestamos atención a éste y a su resultado. En años recientes numerosos estudios han demostrado que las personas aprenden mejor cuando sus cerebros muestran dos características: 1) una señal ERN grande, sugiriendo una respuesta inicial al error más intensa, y 2) una señal Pe más consistente, lo cual probablemente indica que los sujetos están poniendo atención al error y, por lo tanto, intentan aprender de él.

En este nuevo estudio, Moser amplía la investigación sobre cómo las creencias acerca del aprendizaje modifican las señales anteriores. Moser se basó en la clasificación de los tipos de mentalidad propuesta por la psicóloga Carol Dweck, de la universidad de Stanford. Dweck distingue entre las personas con mentalidad fija – personas que tienden a estar de acuerdo con frases como “Tienes un nivel de inteligencia predefinido y no hay mucho que puedas hacer para cambiarlo” – y entre las personas con mentalidad de crecimiento, quienes creen que es posible mejorar en cualquier ámbito, si se dedica el tiempo y la energía necesarios. Mientras que las personas con mentalidad fija ven los errores como fracasos irremediables (señal de que no son suficientemente buenos para realizar la tarea asignada), las personas con mentalidad de crecimiento entienden los errores como precursores del conocimiento.

El experimento comenzó con una prueba de reconocimiento visual en la que los participantes debían identificar la letra central de una secuencia de cinco letras como “MMMMM” o “NNMNN”; algunas veces la letra central era igual a las cuatro de alrededor y otras veces era diferente. Este simple cambio propicia errores frecuentes, pues al ser una tarea tediosa, las personas suelen distraerse. Los participantes se arrepentían inmediatamente después de cometer un error, ya que ninguna excusa justifica esta simple equivocación.

Durante la realización de la prueba los participantes utilizaron una red de electrodos que permitía registrar la actividad eléctrica en el cerebro. (A diferencia de la resonancia magnética (fMRI), la electroencefalografía tiene una excelente resolución temporal, por lo que permite medir con precisión la secuencia de eventos neuronales, aunque dificulta la identificación del área de dónde provienen las señales).

Los resultados mostraron que los sujetos con mentalidad de crecimiento eran significativamente mejores para aprender de sus errores. En consecuencia, mostraban un incremento en la precisión de sus respuestas después de haber cometido un error. Lo más interesante fue la información obtenida de las electroencefalografías, pues las personas con esta mentalidad generaban una señal Pe mucho mayor, indicando que ponían gran atención a sus errores. (Las personas con una mentalidad extremadamente fija generaban una señal Pe con amplitud aproximada de cinco; por otro lado, la amplitud de la señal para las personas con mentalidad de crecimiento era cercana a quince). Además, la señal Pe de las personas con mentalidad de crecimiento estaba  notablemente correlacionada con la mejora de los resultados después de los errores, sugiriendo que la atención prestada al error influía positivamente en la resolución de los ejercicios. Los participantes aprendían cómo resolver las actividades porque dedicaban tiempo a reflexionar sobre sus errores.

En sus investigaciones, Dweck demostró que los diferentes tipos de mentalidad tienen implicaciones prácticas importantes. Su estudio más conocido, realizado en doce escuelas de Nueva York, junto con Claudia Mueller, consistió en dar a más de 400 estudiantes de 5° grado, una prueba fácil de acertijos no verbales. Cuando los niños terminaron la prueba, los investigadores les dieron los resultados y les dijeron un cumplido. A la mitad de los estudiantes la felicitaron por su inteligencia: “Debes ser listo en esto”; y a la otra mitad, por su esfuerzo: “Debiste haber hecho un gran esfuerzo.”

A continuación se permitió a los estudiantes elegir entre dos pruebas más. La primera opción era descrita a los niños como acertijos más difíciles que los anteriores, pero de los que podrían aprender mucho. La otra opción era una prueba fácil, similar a la anterior.

Dweck esperaba que los cumplidos tuvieran poco efecto en la selección de la segunda prueba, pero resultó lo contrario: el tipo de felicitación recibida afectó drásticamente la elección de los estudiantes. Casi 90% de los niños que habían sido felicitados por su esfuerzo eligieron resolver los acertijos difíciles y la mayoría de los niños que fueron felicitados por su inteligencia seleccionaron la prueba fácil. ¿Cómo se explica esta diferencia? De acuerdo a Dweck, felicitar a los niños por su inteligencia los incita a “parecer” niños inteligentes, por lo que evitan el riesgo de cometer errores.

En la siguiente fase del experimento Dweck demostró cómo este miedo al fracaso puede inhibir el aprendizaje. Esta vez Dweck dio a los estudiantes un examen especialmente difícil, diseñado para alumnos de 8° grado, para observar cómo respondían al reto. Los alumnos que habían sido felicitados por su esfuerzo trabajaron duro en la resolución de los problemas. Los niños del otro grupo, felicitados por su inteligencia, se dieron por vencidos fácilmente; veían sus errores como señales de fracaso, de que “tal vez no eran tan inteligentes”, cuando en realidad las equivocaciones eran inevitables.  Al finalizar la prueba, los estudiantes debían elegir entre revisar los exámenes de quienes habían obtenido mejores resultados que ellos o peores. La mayoría de los alumnos felicitados por su inteligencia prefirieron comparar sus exámenes con otros de menor puntaje para así levantar su autoestima. Por otro lado, los niños felicitados por su esfuerzo estaban más interesados en revisar los exámenes de puntajes superiores al de ellos: querían entender sus errores, aprender de ellos, descubrir cómo corregirlos y mejorar.

Por último se realizó una serie de pruebas del mismo nivel de dificultad que la primera. Los estudiantes felicitados por su esfuerzo mostraron una mejora significativa, elevando su puntaje en un 30%, en promedio. Dado que estos niños estuvieron dispuestos a enfrentarse a retos, aún cuando implicaba un fracaso inicial,  pudieron mejorar sus resultados. Este resultado es aún más impresionante cuando se compara con el del segundo grupo, cuyo promedio decayó en un 20%. El fracaso había sido tan desalentador para estos niños que obtuvieron peores resultados que al inicio.

Entonces, el problema de elogiar a los niños por su “inteligencia nata”  es que representa incorrectamente la realidad de la educación desde la perspectiva psicológica. Estos cumplidos incitan a los niños a evitar las actividades de las que mayor aprendizaje pueden obtener: aquellas que brindan la oportunidad de aprender de sus errores. A menos de que experimentemos la desagradable sensación de equivocarnos y dirijamos la atención a aquello mismo que nos gustaría ignorar, nuestra mente nunca revisará sus modelos. Seguiremos cometiendo los mismos errores, sacrificando la oportunidad de mejorar por mantener nuestra autoestima. Samuel Beckett estaba en lo correcto cuando dijo: “No importa. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.”

Jonah Lehrer (2011). “Why Do Some People Learn Faster?” The Frontal Cortex. http://www.wired.com/wiredscience/2011/10/why-do-some-people-learn-faster-2/

About these ads
Esta entrada fue publicada en Aprendizaje, Educación y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s